Published On: Sat, May 6th, 2017

Estaba limpiando la casa y encontró algo de su marido que la dejó destrozada.

Cuando el amor verdadero toca nuestras almas, este termina siendo para siempre, y a pesar de las barreras y los retos que nos pone el destino siempre se debe buscar hasta encontrar, una solución,dar siempre palabras de aliento a la persona que elegimos como compañero(a), estar con esa persona cuando la vida pone pruebas y dificultades en el camino, tender una mano, saber escuchar y apoyar, pero sobre todo, estar en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, más aun en esta última.

Helen vivía a diario un reto, siempre debía buscar la estrategia perfecta para permanecer al lado de Edward, su muy amado esposo quien fue marino y ahora a sus 75 años de edad había sido diagnosticado con Alzheimer. La tristeza y el miedo a esta enfermedad los iba separando poco a poco, sin embargo, ella siempre luchó hombro a hombro con su esposo pues lo amaba demasiado y deseaba cumplir la promesa que le había hecho en el altar: ¨hasta que la muerte nos separe¨.

Al transcurrir los meses Edward empeoraba, aunque ella intentaba ocultar su tristeza, él lo sabía, pues a pesar de la enfermedad, no olvidaba la expresión del rostro de Helen cuando estaba afligida.

Todas las noches antes de ir a dormir, Helen colocaba carteles en puertas y ventanas, por si acaso Edward llegara a necesitar algo mientras ella estaba dormida, en cada uno de ellos le especificaba que había detrás, por ejemplo: puerta de baño, cocina, recámara de Alice, tu hija, y demás lugares de la casa, además de percatarse de que estuvieran completamente cerrados todos los accesos de la casa.

Había muchas ocasiones en las que Edward se perdía como si estuviera en otra dimensión, fijaba su mirada en un solo punto de alguna habitación y en algunas ocasiones tenía ataques de demencia y perdía la cordura, pero Helen se encargaba de regresarlo a la realidad, en esos instantes ella lo volvía a enamorar y le contaba las anécdotas que habían pasado juntos, le contaba de los hijos que habían tenido y los maravillosos nietos que los visitaban los fines de semana y como era que se habían enamorado, Edward reflejaba tristeza en su mirar y agradecimiento, y le decía lo mucho que la amaba.

Una tarde cuando todo parecía estar bien, Helen salió de casa para ir a comprar las cosas de la cena, Edward miraba las noticias, le besó la frente y salió a su destino. Al volver, Edward no estaba en donde lo había dejado, lo buscó en la recámara, en la cocina e incluso en el cuarto de su hija. Justo cuando comenzaba a desesperarse lo miró vagando por el jardín, perdido en todos sus recuerdos, quedándose tranquila porque su hija lo acompañaba y cuidaba de él, así que decidió asear un poco la casa y cuando tocó el turno de acomodar las cosas del baño, encontró un sobre que llamó su atención, al abrirlo y mirar lo que contenía, no pudo evitar las lágrimas, Edward le había escrito una carta, misma que la dejó sin palabras. Estas fueron las palabras de su esposo:

Para mi adorada esposa Helen:

La que pasa horas escribiendo carteles para que no me pierda en mi propia casa, aprovechando que ahora te encuentras dormida y luces tan linda como el día que te conocí.

Quiero decirte en esta carta, por si acaso ya mañana no pudiera recordar  tu rostro y que sea yo el hombre que olvide cuanto te ama, que me lleno de miedo por saber que eso pasará en cualquier momento, algún día mi mente ya no regresará de ese ir y venir de pensamientos y definitivamente ya no sabré que es lo que pasa a mi alrededor, incluso tal vez pronto tenga que partir, pero antes de que lo olvide todo quiero que sepas cuanto es que te amo, que desde el primer momento que te miré en la feria del pueblo me enamoré de ti, que admiro verdaderamente la fuerza con la que luchas a mi lado y lo hábil que has sido para enamorarme en tantas ocasiones y con la misma fuerza que la primera vez, que nunca te has rendido y eso mi amor, no sabes cuánto lo admiro, he amado las locuras que has hecho a mi lado, como la vez que nos pusimos los zapatos al revés, recuerdo que nos dolieron tanto los pies pero aun así reímos a carcajadas, en esos momentos en los que he olvidado cosas tan simples siempre buscaste la manera de hacerme sonreír. ¡Gracias!

Gracias por completar las frases en las conversaciones que sostenemos, en las que en muchas ocasiones me pierdo, pero sobre todo gracias por recordarme siempre que formamos una hermosa familia en la que tengo muchos nietos que aunque en ocasiones olvido alguno de sus nombres, tú te encargas de soplarlos a mi oído con gran dulzura. Gracias por ser mi fuerza, por sostenerme, por no dejar que me rinda ni rendirte, gracias por calmarme, por comprenderme y cuidar de esta manera tan entera de mí.

Sólo por si mañana ya no soy capaz de recordar y llego olvidar todo lo que somos, recuerda mi amada que te amo muchísimo, aun cuando el día de mañana olvide tu nombre o el mío, Helen ¡gracias!, por si el día de mañana ya no puedo decírtelo,  siempre recuerda que te amaré hasta mi último respiro e incluso, más allá de la muerte.

Siempre tuyo, Edward.

Definitivamente si no has terminado con un pañuelo en mano no tienes alma, esta carta simplemente es maravillosa, nos demuestra que el verdadero amor todo lo puede, incluso termina desafiando a la muerte.

COMPARTE esta hermosa carta con tus amigos y ¡que viva el amor!

Redacción de Samantha Olivares 

Fuente: coolcloud